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Vietnamitas de Camboya

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Para la comunidad camboyana-vietnamita, la vida en Camboya ha estado llena de dificultades, persecución e incluso genocidio. Durante décadas, se les ha tachado de nacionalistas de extrema derecha e incluso de ser agentes secretos de Vietnam que intentan socavar la solidaridad de la nación. Aún así, los vietnamitas que consideran a Camboya su hogar no quieren abandonarla, incluso aunque pudieran.

Los funcionarios del Ministerio del Interior de Camboya llegaron a la aldea de Pak Nam en 2016. La comunidad agrícola se localiza en una pronunciada curva de la frontera camboyana-vietnamita en la provincia de Kandal (Camboya), está próxima a la llanura aluvial del río Mekong y comparte similitudes con las demás aldeas de la zona. Desde ese lado de la frontera, se puede divisar una hilera de sencillas casas de madera, que se alzan sobre la colina y se expanden por toda la carretera principal. En la parte posterior, se vislumbran los campos de maíz, pimientos chili y arroz.

Sin embargo, Pak Nam es el hogar, casi exclusivo, de los descendientes de emigrantes vietnamitas a lo que hoy es Camboya. Muchos de ellos sobrevivieron al genocidio de los Jemeres Rojos, entre 1975 y 1979. Las [Extraordinary Chambers in the Courts of Cambodia] Cámaras Extraordinarias en las Cortes de Camboya (ECCC, por sus siglas en inglés) declararon culpables a los dos supervivientes y altos dirigentes de los Jemeres Rojos, Samphan y Nuon Chea. Según la sentencia de marzo, se les acusó de genocidio (pendiente de apelación), de cometer crímenes contra la humanidad y de violar gravemente los Convenios de Ginebra de 1949.

Finalmente, casi 40 años después de la expulsión y asesinato de los vietnamitas y de otros grupos étnicos, se están juzgando estas acciones como genocidio. La decisión del tribunal supone un paso crítico para lidiar con el pasado, sin embargo, los vietnamitas todavía se enfrentan a las dificultades y a la discriminación en la Camboya moderna, aunque muchos de ellos nacieron en este país.

Las autoridades camboyanas que llegaron a Pak Nam en 2016 recopilaron cualquier papeleo y documentos de las familias camboyanas-vietnamitas que constituían o sugerían la ciudadanía camboyana: tarjetas de identificación que usan en las elecciones, libros de familia oficiales que los camboyanos utilizan para registrar los nacimientos, defunciones y matrimonios y, para algunos pocos afortunados, certificados de nacimiento que les permitieron acceder a los servicios y a la ciudadanía en Camboya. Esta compilación de documentos se llevó a cabo por todo el país.

“Se llevaron toda la documentación camboyana en 2016, incluyendo nuestro libro de familia, las tarjetas de identificación de mis padres y nuestras tarjetas de registro de votos. Estábamos decepcionados, pero no había nada que pudiéramos hacer. No nos sentimos acogidos en Camboya, fue algo sorprendente”, recordaba un residente de Pak Nam llamado Tho. Por motivos de seguridad, solo hemos utilizado los primeros nombres de los residentes de Pak Nam para proteger su identidad.

Los habitantes de Pak Nam recogiendo chile. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Una mujer que lleva un sombrero para el sol de estilo vietnamita descansa de la cosecha de chile en el pueblo de Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Camboya cambió los derechos a la ciudadanía por nacimiento en 1996 para incluir solo a los niños nacidos de padres extranjeros que residan de forma legal en el país. Esto se aplica a los recién nacidos tras la aplicación de la reforma legislativa sobre la nacionalidad el 9 de octubre de 1996.

Nacido en el pueblo de padres vietnamitas en 1984, Tho nos explicó el nuevo proceso de registro por el que tuvieron que pasar casi todas las familias en esta zona, cuyos habitantes son mayoritariamente camboyanos-vietnamitas: “Los funcionarios vietnamitas de la embajada vienen cada dos años [sic] junto con el Ministerio del Interior para hacer el papeleo. Firmamos con nuestros nombres y conseguimos la tarjeta de identificación [camboyana] sin tener que pagar nada.”

Esa tasa, señaló mientras mostraba su nueva tarjeta de residencia que le permite viajar por el interior de Camboya, es de 250.000 rieles camboyanos o 60$ estadounidenses por persona (mayor de edad). Tuvo el apoyo de varios habitantes de Pak Nam y de más camboyanos-vietnamitas residentes en otros lugares de Kandal.

“La embajada vietnamita en Camboya paga la tasa [impositiva] a todo el mundo. Sin esta ayuda, sería mucho más difícil vivir, sobre todo para las familias numerosas”, añadió.

El general Khieu Sopheak, portavoz del Ministerio del Interior, confirmó que las autoridades vietnamitas apoyan al ministerio en el proceso de registro para conseguir el estado jurídico oficial de emigrantes.

“Las autoridades de Vietnam siempre han pensado que los vietnamitas que vivan en Camboya deberían ser camboyanos, pero ahora nos están prestando apoyo con este registro de la tarjeta. Estamos felices de trabajar con ellos”, declaró a Global Ground Media.

Sin embargo, el general Sopheak negó conocer cualquier política en la que la embajada vietnamita pagara las tasas de registros.

“No estamos al corriente de esa información”, afirmó.

Explicó que el procedimiento para confiscar los documentos existentes se realizó debido a la falsificación generalizada de documentos que permitió a los no-ciudadanos el acceso a los servicios exclusivos de los residentes legales.

“[Se produjeron] muchas anomalías con certificados y tarjetas de identificación, así que los tuvimos que registrar para que cumplieran las leyes de Camboya. Les pedimos que cambiasen las tarjetas falsas que solían utilizar por unas oficiales”, declaró.

“Las tarjetas de identificación los reconocen como inmigrantes legales en Camboya, lugar en el que deben respetar la ley… Nadie sin tarjeta se considera inmigrante ilegal.”

Ni la embajada de Vietnam en Nom Pen ni el Ministerio de Asuntos Exteriores vietnamita respondió a nuestras peticiones para declarar.

Las tarjetas de residencia, mientras que permiten a las familias vivir y viajar en Camboya de forma legal, no implican la ciudadanía que los certificados de nacimiento si proporcionaban antes de confiscarse. Por tanto, los residentes de origen camboyano-vietnamita pasan a ser personas sin Estado. Legalmente, no son ni ciudadanos camboyanos ni vietnamitas y, además, no tienen pasaportes.

Mientras la Ley de 1996 sobre nacionalidad afirma que los niños nacidos en Camboya y que cuenten con al menos un progenitor que sea ciudadano legal pueden obtener la nacionalidad. Sin embargo, se ha demostrado que es una práctica muy compleja.

La frontera de Camboya con Vietnam aún no está delimitada, lo que representa un punto de contención para el país en medio de los temores a la invasión por parte de los vietnamitas.

La compra de las tierras en la zona camboyana de la frontera por parte de empresas vietnamitas es un ejemplo legal de lo que está sucediendo. Por otro lado, el gobierno de Camboya ha contenido la instalación de nuevos puestos fronterizos en aguas disputadas por la flota vietnamita en 2018, como un intento serio de Vietnam para mover la frontera.

Sin embargo, el desagrado y la desconfianza generalizadas tanto por parte de Vietnam como de los vietnamitas en Camboya van más allá de la frontera compartida. Así lo indicó Sophal Ear, profesor asociado de Diplomacia y Relaciones Internacionales en el Occidental College” de California, tal y como se muestra en el desproporcionado resentimiento contra los vietnamitas comparado con los habitantes tailandeses o laosianos.

“Sinceramente, hay resentimiento contra Tailandia, pero no es ni de cerca tan malo como [en contra] de Vietnam. ¿Y Laos? Olvídalo, no existe [resentimiento] allí,” escribió en un correo electrónico.

El resentimiento tiene muchos más matices que una simple actitud de xenofobia anti-vietnamita. Las comunidades pesqueras y granjeras pobres se llevan la peor parte de la atención pública y de la acción de las autoridades. Sin embargo, a las poblaciones urbanas y ricas camboyanas-vietnamitas suelen dejarlas en paz, ya que intentar meter a todas las etnias vietnamitas en un mismo saco es problemático.

“Existen diferentes tipos de vietnamitas, como los pescadores, las gentes de Nom Pen y muchos más. Es difícil plasmarlo en una obra titulada “Los vietnamitas en Camboya”,” explicó Ear. Además, añadió que, “de hecho, aquellas mujeres que contrajeron matrimonio con generales y oficiales están en muy buena posición. Así, ahora existen algunas personas dentro del gobierno de Camboya que […] son de etnia vietnamita, pero que hablan el idioma y que tienen nombres [camboyanos].”

Con tantas comunidades camboyanas-vietnamitas que vivieron durante generaciones en la periferia de la sociedad camboyana, alejadas de los funcionarios y de servicios públicos (y no todos hablaban jemer), conseguir la documentación oficial es un desafío logístico.

Además de esto, los cientos de mieles de personas que huyeron de la violencia y los trastornos de Camboya en la década de los 70 fueron testigos de cómo los registros públicos y la documentación personal se perdía o se destruía. Esto conllevó a la exclusión de muchas familias camboyanas-vietnamitas de la educación académica y de los servicios sanitarios, junto a las posibilidades de empleo limitadas.

Cosecha de chile en Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Los miembros de la comunidad camboyana-vietnamita también fueron incapaces de reclamar la ciudadanía vietnamita a través de la frontera y tuvieron que hacer frente a un acceso limitado de las oportunidades laborales en Vietnam, debido a la falta de la documentación vietnamita, explicó Tho.

“Como no tengo documento de identificación vietnamita, no puedo conseguir un buen trabajo en una fábrica, por lo que solo puedo desempeñar trabajos manuales… No hay problemas para trabajar en Vietnam [en cuanto a trabajos de mano de obra muy duros y pagados en efectivo], tampoco hay hostilidad, aunque la gente me llama inmigrante camboyano, así que nos siguen viendo diferentes”, declaró.

“Es imposible conseguir una identificación vietnamita, porque tienes que tener un certificado de nacimiento de Vietnam.”

Aunque trabaja en Vietnam, sus hijos van a la escuela en Vietnam y el vietnamita es el primer idioma de su familia, Tho sigue pensando que Camboya es su verdadero hogar.

La influencia de Vietnam

La comunidad camboyana-vietnamita que vive a lo largo de la frontera ha sido excluida durante mucho tiempo de la educación académica, la atención sanitaria y el empleo en Camboya. Por tanto, ha tenido que recurrir a Vietnam, en ocasiones, mediante un ferri de corta distancia.

Muchos de los habitantes de Pak Nam no pueden hablar fácilmente en jemer, una situación que es incluso más grave con las generaciones más jóvenes. Las marcas vietnamitas de cerveza, aperitivos y paquetes de café se venden en las tiendas de la zona, los geles y champús que fabrican las marcas vietnamitas se utilizan en la humilde peluquería de la aldea, el alfabeto elegido para las señales, los calendarios y los teléfonos móviles es vietnamita y los televisores y radios están todos sintonizados con estaciones fronterizas.

A cambio de 500 rieles o 3.000 dong (0,12 dólares americanos), los habitantes pueden coger uno de los  ferris regulares que navegan durante todo el día por el lago Tonle Bassac, sin pasar ningún control formal en la frontera para poder entrar en Vietnam.

“Yo voy al mercado de Vietnam y cojo la tarjeta de [residencia]. Muchas personas viajan al mercado y puedes ver montones de matrículas con números de Camboya en las motos. No hay ningún mercado cerca de aquí, por lo que tenemos que dirigirnos [al mercado de Vietnam]”. Así lo explicó Shorn, residente en Pak Nam, que se mudó a esta aldea en 1980, después de pasar seis años en Vietnam tras haber sido expulsado de su país de nacimiento, Camboya, por los Jemeres Rojos en 1974.

“Encontramos pequeños trabajos que hacer, cosechamos soja para llegar a fin de mes [en Vietnam], pero en cuanto fue seguro, volvimos a Camboya”, recordó. Mientras que muchas de las familias expulsadas volvieron a Camboya, otras decidieron quedarse en Vietnam, donde se siguen enfrentando a los mismos problemas de apatridia y falta de ciudadanía, como igualmente les ocurriría en Camboya.

“Hablo jemer bien, pero aquí hablo mucho más en vietnamita. Mi hija estudió en Vietnam hasta quinto curso, así que entiende jemer, pero no [lo] habla y eso me entristece mucho,” admitió.

Sin certificados de nacimiento válidos para demostrar la ciudadanía, los niños camboyanos-vietnamitas de Camboya tienen un acceso muy limitado a la educación académica. Además, muchos padres de la comunidad vietnamita de Pak Nam mandan a sus hijos a la escuela y deben pasar cada día por el río hasta llegar a Vietnam.

A pesar de todo, se están realizando esfuerzos para impulsar la oferta educativa en la parte camboyana de la frontera. Un maestro bilingüe, que fue contratado recientemente por la pequeña escuela de la Pagoda en Pak Nam, está impartiendo las primeras clases de jemer para muchos de los niños de esta zona, explicó Chan Sokha, Director Ejecutivo de la ONG [Khmer Community Development] Desarrollo de la Comunidad Jemer o KCD por sus siglas en inglés. Esta organización ha trabajado durante mucho tiempo con los niños de Kandal, provincia fronteriza con Vietnam, para garantizar el acceso de todos a la educación.

“Es muy importante que ambos, los niños jemeres y los de etnia vietnamita, puedan compartir la educación en el sistema escolar jemer. Por medio del aprendizaje conjunto, las dos partes pueden entender las [diferentes] culturas y esto […] reducirá los prejuicios y la discriminación de los niños jemeres hacia los vietnamitas. Si ambos lo comprenden, esto [permitirá] una buena colaboración a [efectos] comerciales o de cualquier otro tipo de desarrollo en la aldea”, declaró.

Un calendario en vietnamita en la pared de la casa de Van y Lai en Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Botellas de cerveza vacías del Sur de Vietnam, esperando ser retornadas a Vietnam para su reutilización. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Una factura de la electricidad camboyana en la pared de una casa de Pak Nam, una de las únicas escrituras jemer que se pueden ver en el pueblo. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Los ferrys transbordadores aceptan las monedas de Camboya y de Vietnam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Imágenes de la historia del budismo y de escritura jemer y viejos retratos del Primer Ministro camboyano, Hun Sen, y de su mujer Bun Rany, adornan la pequeña pagoda en el pueblo de Pak Nam (esta es la única construcción tradicional camboyana del pueblo). (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Las escuelas primarias y públicas en los pueblos de Pak Nam y Khan Tang, que cuentan con un gran número de residentes camboyanos-vietnamitas, imparten clases de jemer a los niños. Mientras que las ONG, como KCD, ofrecen apoyo educativo fuera del ámbito de la educación académica. Esta ayuda es la única opción para que muchos niños con poca o ninguna comprensión del lenguaje jemer puedan continuar estudiando en Vietnam.

La elegibilidad es otro asunto, aunque representa una restricción menor cerca de la frontera que en otras áreas, señaló Sokha.

“En las escuelas de enseñanza primaria de Chrery, Pak Nam y Khan Tang Yu, el acceso es un poco más abierto. Se puede acceder a la escuela sin certificados de nacimiento [camboyanos], pero solo pueden hacerlo en la escuela primaria y es un entorno de aprendizaje informal,” añadió.

Esta es la realidad para la mayoría de los estudiantes camboyanos-vietnamitas. Aunque siguen pensando que Camboya es su hogar, terminarán trabajando para empresas vietnamitas o, principalmente, con compañeros que hablen este idioma. Por tanto, convencer a los padres y a los estudiantes sobre la importancia del aprendizaje del jemer es un reto para el equipo KCD, admitió Sokha.

En la actualidad, casi todas las necesidades educativas, sanitarias, laborales y comerciales de los residentes en esta zona fronteriza se satisfacen en Vietnam. En este lugar, hay mucha más población, infraestructuras y servicios más desarrollados.

Según el censo nacional de Camboya 2008 (el demorado censo nacional de 2018 comenzará en marzo de 2019), el 0,54% de los encuestados declararon que el vietnamita era su lengua materna. De los 13,4 millones de camboyanos residentes en aquel momento, esto sugeriría que, al menos, 70.000 personas se identificaron como hablantes de vietnamita.

Camboya cuenta con una población actual de aproximadamente 16 millones de habitantes. Si suponemos que los que se declaran hablantes del vietnamita se han mantenido en un porcentaje similar, esto significaría que, como mínimo, 80.000 residentes hablan este idioma. Además, es muy posible que muchos más eligieran jemer para llamar menos la atención o que, directamente, no se les incluyera en el censo del año 2008.

Para el residente de Pak Nam, Shorn, existe un fuerte deseo de vivir en Camboya.

“Mi padre era de origen camboyano-vietnamita, mi madre era jemer, así que, en mi corazón, soy de las dos nacionalidades,” explicó. A pesar de las demandas legítimas de la ciudadanía camboyana en virtud de la Ley sobre la Nacionalidad, Shorn aún permanece sin ciudadanía y solo tiene su nueva tarjeta de residencia camboyana, que recibió en 2016.

“La vida está bien aquí. Puedo vender mi maíz en Vietnam e ir al mercado para comprar. No tengo ningún problema,” afirmó Shorn.

En el campo de maíz ubicado detrás de su casa, las tumbas de sus padres y de otros familiares, junto con las inscripciones en vietnamita, enfatizan su apego a la tierra.

“No viviría en ningún otro lugar, mis padres están enterrados aquí.”

Cementerio de la familia de Shorn, detrás de su casa en Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

El compromiso con la historia

La diversa mezcla de grupos étnicos camboyanos ha ayudado a moldear y desarrollar la rica arquitectura del país, su panorama religioso y culinario. Mientras que los jemeres son los más numerosos, los grupos étnicos de las montañas y, más recientemente, los emigrantes chinos, cham y vietnamitas acuden por la atracción histórica y regional de Camboya. (Los cham son una minoría étnica de origen camboyano-islámico, sobre quienes el Tribunal para el Genocidio Camboyano o ECC por sus siglas en inglés descubrió que también han sufrido el genocidio de los Jemeres Rojos).

La Camboya moderna es el producto del imperio. En su apogeo, en el siglo XII, el Reino de Angkor se extendía por un territorio estimado de 1 millón de kilómetros cuadrados. Además, su capital en Angkor Wat fue la ciudad más poblada del mundo. Los monumentos históricos angkorianos pueden encontrarse actualmente tan lejos como la frontera de Tailandia con Birmania, en todo el Sur de Vietnam y Laos.

Posteriormente, se produjo un declive angkoriano, se expandieron los países vecinos Tailandia y Vietnam y se disminuyeron los reclamos territoriales. Además, en 1863, se designó a Camboya protectorado francés como parte de sus últimas posesiones en Indochina. Un gran número de funcionarios y burócratas vietnamitas se trasladaron a Camboya para ayudar con la puesta en marcha de los asuntos coloniales franceses. Finalmente, muchos permanecieron allí después de declararse la independencia de Francia en el año 1953.

En el año 1969, entre los 7 millones de habitantes, había un número aproximado de 400.000 vietnamitas residentes en Camboya. La violencia antivietnamita en el año 1970, el mismo año en que el General Lon Nol llegó al poder por medio de un golpe de estado, provocó que se expulsaran a 200.000 familias vietnamitas y que se produjeran alrededor de 4.000 muertes debido a la violencia de masas.

La derrota de gobierno de Lon Nol en abril de 1975, por parte de los Jemeres Rojos solo sirvió para empeorar la difícil situación de los residentes vietnamitas de Camboya. Aunque los Jemeres Rojos le debían gran parte de su formación inicial y de su apoyo material a sus camaradas comunistas de Vietnam, el odio y la desconfianza arraigados en el tiempo provocaron la expulsión de todos y el sacrificio de muchos vietnamitas residentes en Camboya.

La esperada resolución de la segunda parte del juicio en 2018 se llevó a cabo en el Tribunal para el Genocidio Camboyano (ECCC). Finalmente, reveló que los altos dirigentes y supervivientes de los Jemeres Rojos, Khieu Samphan y Nuon Chea, eran culpables (pendiente de apelación) de genocidio, crímenes contra la humanidad y violaciones graves por los Convenios de Ginebra de 1949.

Shorn camina a través de los campos de maíz detrás de su casa que llevan al lugar de entierro de sus familiares. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

“En cada uno de los casos, se atacaron a los vietnamitas, se les trató como miembros el grupo y de la etnia y no como individuos. Esto ocurrió bajo el amparo de la política [de los Jemeres Rojos] para atacar específicamente a los vietnamitas, incluidos los civiles, como un grupo. Hasta finales del año 1976, el objetivo era expulsar a los vietnamitas y, desde abril de 1977, el único objetivo era destruirlos”, afirma el juicio sumario del Tribunal de Primera Instancia.

“[L]a malvada raza Yuon se eliminará de la faz de la tierra. Y los “Kampucheans” [camboyanos] podrán ser felices.” – Pol Pot

“Y ahora, ¿qué pasa con Yuon? No hay rastro de ella en el territorio camboyano. Al principio, había cerca de 1.000.000 miembros. Ahora no se puede encontrar si un solo ápice de ellos.”  – Revista [Revolutionary Flag] Bandera Revolucionaria de los Jemeres Rojos, abril del año 1978

Se abatió a los Jemeres Rojos a principios del año 1979 en una intervención militar vietnamita a gran escala, ayudados por los desertores del grupo, incluidos el actual Primer Ministro camboyano, Hun Sen, y otras de las principales figuras políticas. Entre el año 1975 y enero de 1979, la población de Camboya había descendido unos 2 millones de personas: los 20.000 vietnamitas asesinados más el alrededor de un millón de jemeres, miembros de la etnia cham y también de otros grupos étnicos, que murieron bajo los Jemeres Rojos por el hambre, el exceso de trabajo y la falta de atención médica.

Los años de incursiones transfronterizas llevadas a cabo por los Jemeres Rojos en este periodo habían puesto a prueba la paciencia de la ahora unificada Vietnam. Además, las fuerzas controladas por los vietnamitas rápidamente tomaron el control de una gran parte de Camboya una vez que comenzó la intervención. Sin embargo, núcleos de resistencia de los Jemeres Rojos, especialmente a lo largo de la frontera con Tailandia, donde recibieron apoyo occidental y ayuda de China, perduraron hasta la muerte del líder Pol Pot y la rendición de los dirigentes restantes en 1998.

El retorno de la relativa normalidad a Camboya, aunque bajo el mando vietnamita, condujo a la restauración de muchas de las familias camboyano-vietnamitas que habían huido en 1975 y a las que se les unieron muchos de los nuevos migrantes de Vietnam. La ONU no reconoció el nuevo gobierno de Camboya, junto a gran parte de la comunidad internacional, y, en su lugar, apoyó a la unión monárquica, nacionalista y de los grupos de los Jemeres Rojos en la frontera con Tailandia. Además, mencionó en una reunión de la Asamblea General en el año 1983 que estaba “[s]seriamente preocupada por los cambios demográficos que se estaban imponiendo [en Camboya] por parte de las fuerzas de ocupación extranjeras.”

Durante las elecciones nacionales del año 1993 apoyadas por la ONU que tuvieron lugar tras la retirada de las tropas vietnamitas en 1990, las unidades de los Jemeres Rojos atacaron comunidades camboyanas-vietnamitas y forzaron a las familias a salir huyendo de nuevo, esta vez más cerca de la frontera. Entre los años 1992 y 1993, la Amnistía Internacional señaló la muerte de unos 130 camboyano-vietnamitas en Camboya, además de 75 personas lesionadas y un número indeterminado de desaparecidos, presuntamente muertos.

Su informe detallaba el odio y la desconfianza entre los líderes de los Jemeres Rojos de los vietnamitas en Camboya y citaba las palabras del general Nuon Bunno en el año 1992: “[D]ebido a que las fuerzas agresoras yuon […] continúan con la agresión y con la ocupación de Camboya, mientras que los inmigrantes yuon siguen saqueando las tierras y las granjas de los camboyanos, lo que agrava la enemistad de los mismos.”

1.Casas de Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)
2.Residentes camboyano-vietnamitas en Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)
3.El diseño de las casas de Pak Nam se acerca más a las vietnamitas que a las camboyanas. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

“Yuon” es la palabra jemer tradicional para Vietnam y vietnamita, pero ha adquirido un carácter despectivo y agresivo durante los últimos años y no es del agrado de la comunidad camboyana-vietnamita. Las figuras principales de la oposición camboyana y contemporánea, incluidos los líderes del ahora prohibido partido [Cambodia National Rescue Party] del Rescate Nacional Camboyano o CNRP por sus siglas en inglés, han defendido el uso de la palabra. Según ellos, buscaban representar al gobierno de Hun Sen (instalado cuando las tropas vietnamitas controlaban Camboya) como marionetas de Hanoi y a los vietnamitas residentes en Camboya como una “quinta columna”. Un ejemplo es Sam Rainsy, que vive en un exilio autoimpuesto en Francia por una serie de cargos surgidos de la motivación política contra él y que se ha mantenido como un crítico vocal del gobierno,

Independientemente de cuales sean los argumentos académicos y los antecedentes históricos, la comunidad vietnamita en Camboya no aprueba esta palabra y los residentes de Pak Nam se alteraron bastante cuando se les preguntó sobre ello.

“No es fácil escuchar la palabra `yuon’. Para mí suena ofensiva. [Cuando hablo] con los amigos, nadie menciona de ese modo a otra persona, más bien decimos “Viet”. Sin embargo, por suerte, ahora escuchamos la palabra `yuon’ menos”, explicó Tho.

Los residentes actuales del pueblo también han informado sobre las pacíficas relaciones que tienen con sus vecinos jemeres y cham. De hecho, una gran parte de la retórica antivietnamita se ha orientado desde las áreas eliminadas de la frontera. En este lugar, las interacciones entre los vietnamitas y los jemeres suelen ser limitadas, explicó Raymond Hyma, el asesor regional de la ONG camboyana para los derechos humanos, [Women Peace Makers]  Creadores de la Paz Feminista.

“Tenemos mucho que aprender de las comunidades que realmente viven en ambientes integrados y expuestos a aquellos [que creemos que son] diferentes o como ‘el otro’ en nuestro propio contexto”, dijo.

“Nuestro trabajo de escucha en las comunidades ubicadas a lo largo de la frontera entre Camboya y Vietnam desafían muchas de las creencias que tenemos desde la lejana Nom Pen, donde la gente en muchas ocasiones percibe la frontera como un problema de división o como un hervidero de conflictos. Aunque, oímos hablar de sentimiento negativo entre los diferentes grupos étnicos, también podemos encontrar muchos más ejemplos de la integración y de parentesco en la vida cotidiana de los jemeres, indígenas, etnia vietnamita, musulmanes cham y otras comunidades que viven lado a lado”, comenta Hyma. Existen unos 15 grupos étnicos diferentes en Camboya.

Carretera nacional camboyana 21B, después del paso fronterizo de Camboya. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Van y su esposa Lai han vivido en Pak Nam desde el año 1982. Ambos son camboyanos-vietnamitas y hablaron de su orgullo por haberse criado en Camboya.

“Los Jemeres Rojos nos hicieron abandonar Camboya en el año 1975 y vivimos en la provincia de Tay Ninh, justo en la frontera [de Vietnam]. En el año 1982, nos casamos y luego volvimos a Camboya, a Kompung Thum, después vinimos aquí”, explicó Lai mientras miraba los campos de la familia desde la terraza cubierta de su colorida y ornamental casa. Ella nació en una aldea flotante en el Lago Tonlé Sap y pasó una gran parte de su infancia en el agua.

“Solicitaremos la ciudadanía y la documentación adecuada cuando se nos permita [en cinco años]. Quiero tener una nacionalidad oficial,” dijo ella con una sonrisa orgullosa.

Su marido está igualmente decidido a vivir en Camboya: “aquí es donde nacimos. Somos de aquí. Yo soy camboyana. Incluso sin los papeles, todavía me siento camboyana.”

Article by Anrike Visser.
Editing by Mike Tatarski.
Illustrations by Imad Gebrayel.

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