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Afrontar la desinformación en Asia de cara a las elecciones generales

Desinformación en Asia (long-form)

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Los gobiernos de Asia, concretamente los de Tailandia, Indonesia, Japón, Filipinas y la India, están considerando cuál es la mejor opción para abordar el problema de la desinformación en las redes sociales, especialmente a medida que se van realizando los preparativos para las cruciales elecciones de 2019.

Sin embargo, los supervisores creen que las estrategias y los índices de éxito al combatir este problema varían de forma considerable. La batalla contra la desinformación y las informaciones falsas en la red se intensifica todavía más por la ausencia de unas democracias plenamente desarrolladas en la región.

El Dr. Masato Kajimoto, profesor de periodismo en la Universidad de Hong Kong y coautor de las Information Disorder in Asia [Irregularidades en las transmisiones de información en Asia], explica que las medidas legales que han adoptado contra las “noticias falsas” no sirven de nada, ya que se han creado en el seno de una política inestable. Asegura que Tailandia e Indonesia presentaron o hicieron cumplir leyes contra la desinformación que podrían utilizarse de forma inapropiada para silenciar a la oposición.

Mientras tanto, confirma que países como Japón y Filipinas han adoptado más bien un “enfoque no intervencionista” respecto al problema. Según Kajimoto, esto se debe a que, en primer lugar, la gravedad y el impacto de la desinformación en las redes sociales no supone una gran relevancia y, en segundo lugar, el gobierno quiere mantener su propio flujo constante de propaganda en línea.

“Debemos seguir esforzándonos para tratar de abordar este problema, pero, primero se necesita una mayor libertad en toda la región”, declaró Kajimoto a Global Ground Media. “En Asia, todavía no hay mucha democracia, ni una libertad de prensa plena. En general, soy pesimista sobre el futuro de la lucha contra la desinformación en la región, porque la libertad de expresión siempre se controla, ya sea de una forma u otra”.

Criminalización de las “noticias falsas”

Según un estudio realizado en 2018 por académicos de la Universidad de Oxford, a nivel global, al menos 30 países han intentado adoptar medidas legales contra la desinformación en la red desde 2016.

Los investigadores descubrieron que el uso de robots automatizados en las redes sociales, diseñados para influir en el resultado electoral, está aumentando a nivel internacional. Concluyeron que, de forma previa a las elecciones, es necesario tomar más medidas para fortalecer las directrices nacionales de algunas democracias, ya que no tiene sentido esperar a que “los tribunales nacionales resuelvan los aspectos técnicos de las infracciones después de la celebración de las mismas. Ahora, la protección de nuestras democracias significa establecer unas reglas de juego limpio antes del día de la votación y no después”. Sin embargo, en Asia, donde aún suelen ser inestables, el cumplimiento de tales reglas sigue siendo un gran desafío, ya que tanto los dictadores como los pseudo-dictadores, que deberían cumplir con las directrices, rara vez van a ser castigados por ignorarlas.

En un correo electrónico dirigido a Global Ground Media, el académico de Singapur James Gomez, fundador de un centro asiático sin ánimo de lucro basado en Bangkok llamado “think tank Asia Centre”, considera que algunos estados miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) han utilizado el aumento de la desinformación en línea como excusa para atacar a los partidos de la oposición. Argumenta que, al establecer los grupos o agencias de trabajo para monitorizar el discurso en la red, convocar comparecencias de comités selectos y proponer nuevas leyes o revisiones, los gobiernos intentan limitar la libertad de expresión. “Los intentos de los gobiernos para contrarrestar las noticias falsas son desproporcionados y han creado un completo efecto inhibidor sobre la libertad de expresión y la autocensura”, explica.

Gómez cita el ejemplo de Malasia, donde se aprobó un proyecto de ley contra las noticias falsas en abril de 2018 justo antes de las elecciones generales. De hecho, se diseñó para “moldear y manipular la discusión en línea a favor del gobierno de Najib Razak durante el período electoral”, declaró. “[El proyecto de ley] contiene una definición amplia y vaga de las noticias falsas y se aprobó sin un debate general ni deliberaciones”.

“Aunque los gobiernos [de la ASEAN] afirman que han presentado medidas para afrontar las amenazas de violencia o de desórdenes públicos antes o después de las elecciones, parece que los objetivos consisten en desacreditar a la oposición y a la sociedad civil, y manipular la discusión en la red. También es posible que se busque evitar las críticas a las instituciones públicas y corruptas”, añade.

A medida que aumenta la fiebre electoral, se han intensificado las tácticas para desarmar a los protagonistas de la desinformación en las redes sociales.

Tailandia

En Tailandia, se temía que el aumento de la censura en las redes sociales por parte de la junta militar restringiría de forma significativa la libertad de expresión durante las elecciones del pasado 24 de marzo de 2019. Los resultados oficiales se anunciarán en mayo de este año, pero las encuestas de salida anticipadas indican que el partido pro-militar Palang Pracha Rath (PPRP) obtuvo el mayor número de votos, con 8,4 votos a favor de los 38 millones de papeletas.

Una artista acepta la rosa (símbolo de la lucha contra el gobierno militar) que le ofrece una persona del público durante un mitin contra el actual régimen en el Monumento del 14 de octubre en Bangkok, Tailandia, el 27 de diciembre de 2018.

Chonthicha Jangrew, de 26 años, da un discurso durante un mitin contra el actual régimen en el Monumento del 14 de octubre en Bangkok, Tailandia, el 27 de diciembre de 2018.

Se ve a la gente detrás de las bandas de tela negra que dicen “El pueblo de Tailandia quiere elecciones”, durante un mitin contra el régimen actual en el Monumento del 14 de octubre en Bangkok, Tailandia, el 27 de diciembre de 2018.

En 2018, por primera vez en la historia de las elecciones tailandesas, la Comisión Electoral anunció que comenzaría a regular las cuentas de las redes sociales de los activistas. Sin embargo, algunos supervisores creen que esto supone un enorme desafío, no solo debido a la cantidad de contenido elaborado de forma masiva, sino porque la comisión debe ser justa y equilibrada en las iniciativas. Se teme que esto podría dar lugar a que algunas publicaciones lleguen a censurarse incluso cuando no sean estrictamente falsas ni engañosas.

Altos oficiales del ejército tailandés, incluido el comandante en jefe, el general Chalermchai Sitthisart, han expresado su preocupación por la propagación de la desinformación y de la información falsa en los periodos previos a las elecciones generales. Sin embargo, los comentaristas argumentan que esto refleja la forma en que el ejército tailandés, que rige el país como dictadura de facto, quiere limitar la discusión política en Tailandia.

Según informaron medios locales, en 2019, Sudarat Keyuraphan, miembro destacado del partido opositor Pheu Thai y candidata a Primer Ministro, fue víctima de un vídeo viral fraudulento.

El vídeo de 45 segundos mostraba, supuestamente, que Keyuraphan permanecía callada mientras un hombre amenazaba verbalmente al Rey en 2010, lo que se entiende como una aparente muestra de deslealtad. La Sección 112 de la ley penal de Tailandia castiga con hasta 15 años de prisión los insultos, las amenazas o la difamación al Rey, según fuentes analizadas por Global Ground Media en un artículoanterior.

En su respuesta, Keyuraphan aportó el vídeo de baja calidad a la policía, mientras explicaba que se había manipulado de forma digital, cuestión que se confirmó a posteriori.

Kajimoto, de la Universidad de Hong Kong, afirma que Tailandia ha abordado el problema de la desinformación “con un incremento en la interpretación de las leyes existentes”. Añade que “es cierto que Tailandia tiene un problema con la censura en lo que se refiere a las elecciones”.

Mientras tanto, Gómez explica que las autoridades tailandesas han utilizado la Computer Crime Act 2007 (CCA) [Ley de Delitos Informáticos de 2007] como una disuasión para las críticas dirigidas contra instituciones y funcionarios públicos, a la vez que las califican de falsas. “En el Artículo 14(2) [de la Ley de Delitos Informáticos], se estipula la información falsa que perturba el orden público y la seguridad nacional como [una] infracción sancionable”, comenta. “En consecuencia, la gente generalmente practica la autocensura y lo mismo ocurre con los medios de comunicación y la prensa”.

Indonesia

Desenmascarar las noticias falsas sigue siendo una prioridad en Indonesia, sobre todo cuando el país se prepara para acudir a las urnas en abril. Aproximadamente la mitad de la población, unos 130 millones de indonesios, son usuarios activos de redes sociales, una cifra que creció con una tasa mayor del 20% anual a partir de enero de 2017. Uno de los principales bulos más extendidos en las redes sociales en el país es el de que algunos candidatos a las elecciones, incluido el presidente Joko “Jokowi” Widodo, tienen vínculos con el Partido Comunista (PKI), lo cual está prohibido.

En enero de 2018, Jokowi fundó la National Cyber and Encryption Agency [Agencia Nacional de Cibernética y de Encriptación] para controlar la desinformación en las redes sociales. Las autoridades han estado trabajando con plataformas de redes sociales para eliminar y bloquear el contenido que consideran dañino, como el discurso de odio y el contenido difamatorio que perjudica al presidente. Se detuvieron a presuntos miembros del Muslim Cyber Army [Ejército cibernético musulmán] el año pasado por esta supuesta actividad.

En enero de 2019, circularon informes falsos en los que se detallaban que se habían importado de China siete contenedores de papeletas electorales en mal estado que apoyaban a Jokowi y su compañero de partido. Posteriormente, la General Election Commission [Comisión de las Elecciones Generales] presentó un informe a la policía en el que se confirmaba que la noticia era falsa, pero no antes de que aproximadamente 17.000 usuarios tuitearan sobre ello, según informó el Jakarta Post (diario indonesio).

Astari Yanuarti, cofundadora de la empresa de educación contra los bulos llamada Redaksi, declaró a Global Ground Media que las estrategias locales para abordar la desinformación incluyen: educación sobre alfabetización digital, agencias de verificación de hechos, máquinas de cribado para contenidos dañinos, activación de canales públicos de información y aplicación de la ley. Sin embargo, piensa que el impacto de estas acciones “no se ha percibido lo suficiente” y que se necesitan más detenciones en esas campañas en las que se traman bulos en línea. Es más, debe perseguirse incluso la censura de las plataformas de medios sociales en las semanas previas a unas elecciones importantes.

“Si es necesario, deberíamos cerrar el acceso a las redes sociales como Facebook y Twitter hasta que terminen las elecciones para que, así, se pueda lograr un sufragio pacífico y limpio de bulos”, explicó en un correo electrónico a Global Ground Media. “Se necesitan acuerdos más estrictos en las redes sociales de la mano de la educación para que los internautas puedan usarlas con inteligencia y, aún así, puedan expresar opiniones de manera responsable”.

Yanuarti también sostiene que las empresas tecnológicas tienen una responsabilidad importante a la hora de abordar el problema. “[Las compañías] tienen la obligación de mantener las plataformas libres de bulos, difamaciones y discursos de odio”. “Los métodos podrían incluir un aumento en la capacidad de inteligencia artificial para filtrar el contenido del bulo. Para ello, se puede cambiar el algoritmo para que pueda fragmentar las “cámaras de eco” en la red y crear un equipo especial para gestionar determinadas situaciones como las elecciones”.

India

India va a poner en marcha la celebración de elecciones generales en abril y mayo de 2019, junto con las elecciones a la Asamblea Legislativa, las cuales se celebrarán de forma simultánea en algunos estados. En enero, la información falsa sobre las fechas de las elecciones comenzó a circular en Internet, lo que obligó a la Comisión Electoral del país a informar a la policía sobre las publicaciones en las redes sociales, según informó el Times of India (periódico diario de la India).

En los últimos años, India ha sido testigo de la creación de múltiples agencias independientes relativas a la comprobación de hechos, incluyendo AltNews, Internews, DataLeads y Boom Live. Google también ha llevado a cabo grandes inversiones en una creciente red de periodistas con formación en técnicas de verificación de datos por medio de una serie de cursos intensivos. Mientras tanto, el gobierno ha sugerido que podría introducir una legislación contra las noticias falsas, pero aún no ha propuesto un proyecto de ley.

Karen Rebelo, una veterana periodista de Bombay que trabaja en la agencia de comprobación de hechos Boom Live, explicó a Global Ground Media que, en general, la gestión de la desinformación en la red por parte del gobierno no le parecía alentadora. “Se jactan de seriedad, pero cuando se trata de mantener su propia casa en orden, no son tan eficaces”, afirma. “Vemos que este problema está empeorando, ya que estamos a solo unos meses de las elecciones generales. Les piden un esfuerzo a las empresas de medios sociales, pero primero tienen que realizar autocrítica. La desinformación llegará a su apogeo antes de las elecciones y luego se estancará, pero no conoceremos su impacto hasta después [del sufragio] “.

Karen explica que uno de los principales obstáculos en la lucha contra la desinformación es que la alfabetización mediática es prácticamente “inexistente” en un país de 1.300 millones de personas. “Estamos en una situación en la que la gente está entrando en YouTube y cree que las noticias son siempre reales”, asegura. “La primera interacción de algunas personas con las noticias se produce en sitios poco fiables”.

Filipinas

Existe una creciente conciencia acerca de la necesidad de afrontar la propagación de la desinformación antes de las elecciones a mitad de mandato de 2019, que se celebrarán en mayo. Filipinas sigue siendo caldo de cultivo para las noticias falsas, en parte porque tiene una audiencia potencial cautiva. Los filipinos pasan gran cantidad de tiempo en las redes sociales, con un promedio de 3 horas y 57 minutos diarios, según un informe de 2018 realizado por la consultora británica We Are Social.

Sin embargo Kajimoto sugiere que, si bien es cierto que ha habido movimientos de la oposición en Filipinas para aplicar la ley contra las noticias falsas, el presidente Rodrigo Duterte y sus partidarios compartieron la opinión de que tal ley no se aprobaría en el Congreso. Kajimoto dice que este enfoque “no intervencionista” en las redes sociales contrasta de manera importante con la forma en que el gobierno enfoca la libertad de prensa en general. “Se ven intentos de reprimir a los periodistas, tal y como lo demuestra la detención de la CEO de Rappler Maria Ressa“. “[El gobierno] está tratando de restringir a los medios de comunicación, y al hacerlo, también limita los intentos de comprobación de datos”.

El político filipino Manuel Roxas, que perdió la batalla por la presidencia de Filipinas ante Duterte en 2016, ha sido víctima de la desinformación debido a su posición destacada. En agosto del año pasado, la organización sin ánimo de lucro especializada en comprobación de datos Vera Files, desacreditó un informe de noticias en la red. En él, se daba a entender de forma errónea que Roxas había pedido al público que se uniera contra Duterte después de haber sufrido una emboscada por los medios de comunicación. La ONG estimó que el artículo podría haber alcanzado a unas 374.000 personas, algunas de las cuales fueron dirigidas hasta allí por una página de Facebook a favor de Duterte.

Japón

Japón se está preparando para las elecciones locales de ámbito nacional a mediados de abril. El emperador Akihito también tiene previsto abdicar este mismo mes. Según los estudios, en comparación con los países asiáticos mencionados anteriormente, el consumo diario de redes sociales es generalmente más bajo en Japón. El país, con el problema de envejecimiento demográfico que sufre, todavía está dominado por los medios de comunicación tradicionales como la televisión y los periódicos.

No obstante, algunas fuentes informaron al Japan Times (diario publicado en Japón)en enero de que el gobierno se plantea introducir este año los códigos de conducta en la red con las principales empresas de tecnología estadounidenses, en un intento por luchar contra la desinformación. También tiene la intención de continuar animando a las compañías tecnológicas japonesas a regular las plataformas de manera más eficaz, según sostiene el informe. Fundamentalmente, parece que el gobierno no está dispuesto a aplicar la ley en contra de ella.

Kajimoto explica que la desinformación en línea no siempre tiene el mismo impacto en Japón, ya que muchos japoneses optan por confiar en las fuentes tradicionales. Como prueba de ello, menciona la exitosa candidatura del político Denny Tamaki por convertirse en gobernador de Okinawa en 2018, a pesar de haber sido sometido a una intensa campaña de desinformación. “Las campañas en Internet llegaron bastante tarde en Japón”, comenta Kajimoto. “Todavía vemos casos de candidatos que son atacados en la red, pero la gente tiende a usar medios más tradicionales”, afirma. “Japón cuenta con una sociedad envejecida, de modo que afecta a la dinámica del país”.

Tendencias generales en Asia

Aunque cada país de Asia tiene características únicas para este tema, existen tendencias generales relacionadas con muchos de estos países en lo que se refiere a la propagación de la desinformación durante los períodos electorales, concretamente, como se puede ver arriba en el análisis del país:

  • Mayores poderes a los reguladores gubernamentales para castigar a los propagadores de desinformación.
  • Esporádicas medidas severas por parte de la policía contra los falsos usuarios en la red, como los bots o personas que impulsan falsos objetivos respaldados por el gobierno en el poder.
  • Conversaciones gubernamentales intensas con representantes locales de las plataformas de medios sociales para discutir las formas de abordar la desinformación.
  • Varios intentos, con frecuencia llevados a cabo por medios conservadores o usuarios radicales en la red, para desacreditar a los candidatos políticos a través de campañas de desprestigio por Internet.
  • Troleo en línea por parte de individuos y grupos políticos de candidatos que han sido calumniados.
  • Un aumento en los grupos independientes. Suelen ser sin fines de lucro, que sirven como verificadores de hechos en línea durante el periodo previo a las principales elecciones, con la esperanza de educar y fortalecer la alfabetización mediática de la población.
  • Asociaciones crecientes entre los verificadores de hechos independientes y las compañías de medios sociales.

La forma en que los gobiernos de Asia aborden la desinformación en la red antes, durante y después de las principales elecciones de este año, ayudará a establecer el clima político en los respectivos países durante la próxima década, o incluso más allá.

La evidencia sugiere que, aunque se están realizando esfuerzos reales para evitar propagar la desinformación en pro de los ciudadanos, muchos partidos están utilizando medidas severas para limitar la libertad de expresión.

Kajimoto: “La batalla por reducir el auge de la desinformación en línea solo será positiva cuando los gobiernos regionales establezcan auténticas democracias y permitan elecciones justas y libres, así como la libertad de expresión”. Según su criterio, “el verdadero problema es que no tenemos una verdadera democracia. Esas cosas deberían ir de la mano para hacer frente a la desinformación”.

Aumenta la presión sobre los gigantes tecnológicos para resolver el interrogante de la desinformación

Las compañías tecnológicas también se están enfrentando a una presión cada vez mayor para actuar ante el problema de la desinformación, a veces más que los gobiernos.

Facebook, que tiene 2.300 millones de usuarios activos al mes por todo el mundo, quizás afronta la mayor presión internacional para mitigar la desinformación de su plataforma. La compañía de Mark Zuckerberg ha contratado a trabajadores locales en varios países asiáticos para revisar y poner en entre dicho los contenidos erróneos o peligrosos.

Sin embargo, Facebook se ha enfrentado a las críticas de los moderadores por el deterioro de la salud mental debido al contenido violento y sexual que resaltan en su plataforma. También se le ha criticado de forma ocasional por el exceso o por la ausencia de control policial sobre contenido específico de Asia.

En particular, con respecto a Birmania, la plataforma hizo un reconocimiento oficial en noviembre de 2018 en el que reconoció que no había hecho lo suficiente para contrarrestar la propagación de la desinformación. Nos referimos a la incitación de violencia racial contra los rohinyá por parte de un grupo extremista y popular, que probablemente contribuyó a la muerte de al menos 10.000 personas.

Este reconocimiento fue un claro recordatorio del poder que tienen las redes sociales para difundir mensajes peligrosos.

Por el contrario, Gómez, de Asia Centre, afirma que las empresas tecnológicas, como Facebook, se enfrentan a un importante retroceso en relación a la desinformación debido a algunos gobiernos asiáticos, a veces hasta el punto de censurar en exceso el contenido. “El objetivo final [del gobierno] es legislar e intimidar a las compañías de tecnología para que censuren el contenido desde la raíz”, declara. “Este es el desafío al que se enfrentan actualmente empresas como Google, Facebook y WhatsApp”.

En un acontecimiento clave que afectó a países de todo el mundo, en enero, WhatsApp comenzó a restringir el envío de mensajes a cinco personas a la vez. Temían que la plataforma se utilizara, de forma deliberada o inadvertida, para compartir información errónea.

Anteriormente, los usuarios podían reenviar mensajes a un máximo de 20 personas o grupos a la vez. El servicio de mensajería encriptada, propiedad de Facebook, ha recibido críticas al respecto por alentar a los grupos a propagar desinformación. El problema es que la naturaleza cerrada de la plataforma conlleva a una imposibilidad de moderar ni verificar el contenido de forma independiente.

Los cambios se introdujeron después de un juicio celebrado en la India el año pasado, tras la propagación de mensajes que condujeron a asesinatos e intentos de linchamiento, según informó Reuters (agencia de noticias en Reino Unido). Sin embargo, es probable que las restricciones solo sirvan para ralentizar, en lugar de detener, la difusión de la desinformación y de la información errónea en la plataforma.

Article by Rachel Blundy.
Editing by Mike Tatarski and Anrike Visser.
Pictures by Andre Malerba.
Illustrations by Imad Gebrayel.
Map by Fabian Stricker.

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