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El compromiso con la historia

Vietnamitas de Camboya (parte 3)

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La diversa mezcla de grupos étnicos camboyanos ha ayudado a moldear y desarrollar la rica arquitectura del país, su panorama religioso y culinario. Mientras que los jemeres son los más numerosos, los grupos étnicos de las montañas y, más recientemente, los emigrantes chinos, cham y vietnamitas acuden por la atracción histórica y regional de Camboya. (Los cham son una minoría étnica de origen camboyano-islámico, sobre quienes el Tribunal para el Genocidio Camboyano o ECC por sus siglas en inglés descubrió que también han sufrido el genocidio de los Jemeres Rojos).

La Camboya moderna es el producto del imperio. En su apogeo, en el siglo XII, el Reino de Angkor se extendía por un territorio estimado de 1 millón de kilómetros cuadrados. Además, su capital en Angkor Wat fue la ciudad más poblada del mundo. Los monumentos históricos angkorianos pueden encontrarse actualmente tan lejos como la frontera de Tailandia con Birmania, en todo el Sur de Vietnam y Laos.

Posteriormente, se produjo un declive angkoriano, se expandieron los países vecinos Tailandia y Vietnam y se disminuyeron los reclamos territoriales. Además, en 1863, se designó a Camboya protectorado francés como parte de sus últimas posesiones en Indochina. Un gran número de funcionarios y burócratas vietnamitas se trasladaron a Camboya para ayudar con la puesta en marcha de los asuntos coloniales franceses. Finalmente, muchos permanecieron allí después de declararse la independencia de Francia en el año 1953.

En el año 1969, entre los 7 millones de habitantes, había un número aproximado de 400.000 vietnamitas residentes en Camboya. La violencia antivietnamita en el año 1970, el mismo año en que el General Lon Nol llegó al poder por medio de un golpe de estado, provocó que se expulsaran a 200.000 familias vietnamitas y que se produjeran alrededor de 4.000 muertes debido a la violencia de masas.

La derrota de gobierno de Lon Nol en abril de 1975, por parte de los Jemeres Rojos solo sirvió para empeorar la difícil situación de los residentes vietnamitas de Camboya. Aunque los Jemeres Rojos le debían gran parte de su formación inicial y de su apoyo material a sus camaradas comunistas de Vietnam, el odio y la desconfianza arraigados en el tiempo provocaron la expulsión de todos y el sacrificio de muchos vietnamitas residentes en Camboya.

La esperada resolución de la segunda parte del juicio en 2018 se llevó a cabo en el Tribunal para el Genocidio Camboyano (ECCC). Finalmente, reveló que los altos dirigentes y supervivientes de los Jemeres Rojos, Khieu Samphan y Nuon Chea, eran culpables (pendiente de apelación) de genocidio, crímenes contra la humanidad y violaciones graves por los Convenios de Ginebra de 1949.

Shorn camina a través de los campos de maíz detrás de su casa que llevan al lugar de entierro de sus familiares. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

“En cada uno de los casos, se atacaron a los vietnamitas, se les trató como miembros el grupo y de la etnia y no como individuos. Esto ocurrió bajo el amparo de la política [de los Jemeres Rojos] para atacar específicamente a los vietnamitas, incluidos los civiles, como un grupo. Hasta finales del año 1976, el objetivo era expulsar a los vietnamitas y, desde abril de 1977, el único objetivo era destruirlos”, afirma el juicio sumario del Tribunal de Primera Instancia.

“[L]a malvada raza Yuon se eliminará de la faz de la tierra. Y los “Kampucheans” [camboyanos] podrán ser felices.” – Pol Pot

“Y ahora, ¿qué pasa con Yuon? No hay rastro de ella en el territorio camboyano. Al principio, había cerca de 1.000.000 miembros. Ahora no se puede encontrar si un solo ápice de ellos.”  – Revista [Revolutionary Flag] Bandera Revolucionaria de los Jemeres Rojos, abril del año 1978

Se abatió a los Jemeres Rojos a principios del año 1979 en una intervención militar vietnamita a gran escala, ayudados por los desertores del grupo, incluidos el actual Primer Ministro camboyano, Hun Sen, y otras de las principales figuras políticas. Entre el año 1975 y enero de 1979, la población de Camboya había descendido unos 2 millones de personas: los 20.000 vietnamitas asesinados más el alrededor de un millón de jemeres, miembros de la etnia cham y también de otros grupos étnicos, que murieron bajo los Jemeres Rojos por el hambre, el exceso de trabajo y la falta de atención médica.

Los años de incursiones transfronterizas llevadas a cabo por los Jemeres Rojos en este periodo habían puesto a prueba la paciencia de la ahora unificada Vietnam. Además, las fuerzas controladas por los vietnamitas rápidamente tomaron el control de una gran parte de Camboya una vez que comenzó la intervención. Sin embargo, núcleos de resistencia de los Jemeres Rojos, especialmente a lo largo de la frontera con Tailandia, donde recibieron apoyo occidental y ayuda de China, perduraron hasta la muerte del líder Pol Pot y la rendición de los dirigentes restantes en 1998.

El retorno de la relativa normalidad a Camboya, aunque bajo el mando vietnamita, condujo a la restauración de muchas de las familias camboyano-vietnamitas que habían huido en 1975 y a las que se les unieron muchos de los nuevos migrantes de Vietnam. La ONU no reconoció el nuevo gobierno de Camboya, junto a gran parte de la comunidad internacional, y, en su lugar, apoyó a la unión monárquica, nacionalista y de los grupos de los Jemeres Rojos en la frontera con Tailandia. Además, mencionó en una reunión de la Asamblea General en el año 1983 que estaba “[s]seriamente preocupada por los cambios demográficos que se estaban imponiendo [en Camboya] por parte de las fuerzas de ocupación extranjeras.”

Durante las elecciones nacionales del año 1993 apoyadas por la ONU que tuvieron lugar tras la retirada de las tropas vietnamitas en 1990, las unidades de los Jemeres Rojos atacaron comunidades camboyanas-vietnamitas y forzaron a las familias a salir huyendo de nuevo, esta vez más cerca de la frontera. Entre los años 1992 y 1993, la Amnistía Internacional señaló la muerte de unos 130 camboyano-vietnamitas en Camboya, además de 75 personas lesionadas y un número indeterminado de desaparecidos, presuntamente muertos.

Su informe detallaba el odio y la desconfianza entre los líderes de los Jemeres Rojos de los vietnamitas en Camboya y citaba las palabras del general Nuon Bunno en el año 1992: “[D]ebido a que las fuerzas agresoras yuon […] continúan con la agresión y con la ocupación de Camboya, mientras que los inmigrantes yuon siguen saqueando las tierras y las granjas de los camboyanos, lo que agrava la enemistad de los mismos.”

1.Casas de Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)
2.Residentes camboyano-vietnamitas en Pak Nam. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)
3.El diseño de las casas de Pak Nam se acerca más a las vietnamitas que a las camboyanas. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

“Yuon” es la palabra jemer tradicional para Vietnam y vietnamita, pero ha adquirido un carácter despectivo y agresivo durante los últimos años y no es del agrado de la comunidad camboyana-vietnamita. Las figuras principales de la oposición camboyana y contemporánea, incluidos los líderes del ahora prohibido partido [Cambodia National Rescue Party] del Rescate Nacional Camboyano o CNRP por sus siglas en inglés, han defendido el uso de la palabra. Según ellos, buscaban representar al gobierno de Hun Sen (instalado cuando las tropas vietnamitas controlaban Camboya) como marionetas de Hanoi y a los vietnamitas residentes en Camboya como una “quinta columna”. Un ejemplo es Sam Rainsy, que vive en un exilio autoimpuesto en Francia por una serie de cargos surgidos de la motivación política contra él y que se ha mantenido como un crítico vocal del gobierno,

Independientemente de cuales sean los argumentos académicos y los antecedentes históricos, la comunidad vietnamita en Camboya no aprueba esta palabra y los residentes de Pak Nam se alteraron bastante cuando se les preguntó sobre ello.

“No es fácil escuchar la palabra `yuon’. Para mí suena ofensiva. [Cuando hablo] con los amigos, nadie menciona de ese modo a otra persona, más bien decimos “Viet”. Sin embargo, por suerte, ahora escuchamos la palabra `yuon’ menos”, explicó Tho.

Los residentes actuales del pueblo también han informado sobre las pacíficas relaciones que tienen con sus vecinos jemeres y cham. De hecho, una gran parte de la retórica antivietnamita se ha orientado desde las áreas eliminadas de la frontera. En este lugar, las interacciones entre los vietnamitas y los jemeres suelen ser limitadas, explicó Raymond Hyma, el asesor regional de la ONG camboyana para los derechos humanos, [Women Peace Makers]  Creadores de la Paz Feminista.

“Tenemos mucho que aprender de las comunidades que realmente viven en ambientes integrados y expuestos a aquellos [que creemos que son] diferentes o como ‘el otro’ en nuestro propio contexto”, dijo.

“Nuestro trabajo de escucha en las comunidades ubicadas a lo largo de la frontera entre Camboya y Vietnam desafían muchas de las creencias que tenemos desde la lejana Nom Pen, donde la gente en muchas ocasiones percibe la frontera como un problema de división o como un hervidero de conflictos. Aunque, oímos hablar de sentimiento negativo entre los diferentes grupos étnicos, también podemos encontrar muchos más ejemplos de la integración y de parentesco en la vida cotidiana de los jemeres, indígenas, etnia vietnamita, musulmanes cham y otras comunidades que viven lado a lado”, comenta Hyma. Existen unos 15 grupos étnicos diferentes en Camboya.

Carretera nacional camboyana 21B, después del paso fronterizo de Camboya. (Pak Nam, Camboya, 9 de febrero del año 2019)

Van y su esposa Lai han vivido en Pak Nam desde el año 1982. Ambos son camboyanos-vietnamitas y hablaron de su orgullo por haberse criado en Camboya.

“Los Jemeres Rojos nos hicieron abandonar Camboya en el año 1975 y vivimos en la provincia de Tay Ninh, justo en la frontera [de Vietnam]. En el año 1982, nos casamos y luego volvimos a Camboya, a Kompung Thum, después vinimos aquí”, explicó Lai mientras miraba los campos de la familia desde la terraza cubierta de su colorida y ornamental casa. Ella nació en una aldea flotante en el Lago Tonlé Sap y pasó una gran parte de su infancia en el agua.

“Solicitaremos la ciudadanía y la documentación adecuada cuando se nos permita [en cinco años]. Quiero tener una nacionalidad oficial,” dijo ella con una sonrisa orgullosa.

Su marido está igualmente decidido a vivir en Camboya: “aquí es donde nacimos. Somos de aquí. Yo soy camboyana. Incluso sin los papeles, todavía me siento camboyana.”

Article by Anrike Visser.
Editing by Mike Tatarski.
Illustrations by Imad Gebrayel.

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